El arte transforma la vida, cuando nos sumergimos en ella, en el arte, exploramos el camino recorrido de  la pasión, el delirio, el miedo, la felicidad, el sufrimiento.

Las ilusiones y los sueños también se hacen realidad.

Una obra bella es la relación entre el elemento interior y el exterior, así es la relación del ser y de la vida; cuando permitimos que la luz penetre en el interior, estamos entrando a las posibilidades ilimitadas que nos ofrece la vida, sólo tenemos que recordar que somos y quiénes somos, sólo tenemos que recordar el camino hacia el origen, debemos iniciar el viaje a nuestro verdadero ser, en él encontramos las maravillas de nuestra creación; así como cada arte es una vida propia, es un dominio en sí mismo, así nuestra vida y nuestro ser es un arte.

Desde el interior podemos ver y sentir las vibraciones del alma, esa sonoridad del cuerpo y del alma que se expresan a través de los seres y las cosas, es un conjunto de experiencias interiores que son concebidas desde la visión del artista.

Somos un lienzo en blanco en el que podemos estructurar la vida, somos luz si queremos ser luz, somos arte si encontramos la poesía de la vida.

No podemos ser críticos. Para ser críticos del arte y de la vida se debe poseer un alma de poeta, no podemos ser críticos de algo que no está dentro de nosotros mismos, si no somos objetivos como podremos transmitir subjetivamente un sentimiento.